Apple siempre ha sido una empresa que sabe vender sus productos. Durante años consiguió que millones de personas estuvieran dispuestas a pagar más por un iPhone, una Mac o cualquier otro dispositivo con la promesa de recibir una experiencia diferente. No necesariamente mejores especificaciones o más funciones que la competencia, sino algo que simplemente funcionara bien, fuera fácil de utilizar y se sintiera cuidado hasta en los pequeños detalles. Sin embargo, parece que esa filosofía está compartiendo cada vez más espacio con otra prioridad: encontrar nuevas formas de cobrarles a sus usuarios.
Recientemente comenzaron a circular testimonios sobre una práctica bastante cuestionable dentro de algunas Apple Store. Empleados y clientes han denunciado que, durante la compra de dispositivos, se llegan a activar pruebas gratuitas de servicios sin explicar claramente lo que está sucediendo o sin solicitar el consentimiento adecuado. Aunque se trata de denuncias individuales y no de una práctica generalizada que haya sido demostrada, la situación resulta interesante porque refleja la importancia que las suscripciones han adquirido dentro del negocio de Apple.
El verdadero negocio ya no termina cuando compras un iPhone
Durante mucho tiempo, la principal fuente de ingresos de Apple fue relativamente sencilla de entender: fabricar dispositivos y venderlos. Por supuesto, el negocio sigue funcionando y bastante bien. Tan solo durante el trimestre que terminó en junio de 2026, los ingresos del iPhone crecieron un 22% respecto al mismo periodo del año anterior. No estamos hablando de una empresa que haya dejado de vender teléfonos ni mucho menos de una compañía que necesite desesperadamente encontrar otra forma de sobrevivir.
Lo que ha cambiado es la importancia de los servicios. En ese mismo trimestre, Apple obtuvo aproximadamente 30,739 millones de dólares mediante esta división, que incluye servicios como iCloud, Apple Music, publicidad y comisiones relacionadas con su ecosistema digital. Pero lo más interesante no es únicamente cuánto dinero genera, sino cuánto le cuesta obtenerlo.
Según los resultados financieros publicados por la propia compañía, los dispositivos registraron un margen bruto del 40.1%, mientras que los servicios alcanzaron el 75.6%. Esto no significa que todo ese porcentaje sea ganancia neta, pero sí demuestra que los servicios son considerablemente más rentables. Y cuando una empresa encuentra un negocio con esas características, resulta bastante lógico que quiera seguir desarrollándolo.
La diferencia es que, mientras un iPhone representa una compra que probablemente no repetiremos durante varios años, una suscripción puede convertirse en un ingreso mensual. No importa si el usuario decide conservar su teléfono durante tres, cuatro o cinco años. Mientras siga pagando por almacenamiento, música, entretenimiento o cualquier otro servicio, Apple continúa recibiendo dinero.
Una suscripción para cada cosa
Actualmente, Apple tiene una cantidad considerable de servicios. Apple Music para escuchar música, Apple TV para ver series y películas, iCloud+ para almacenar archivos y fotografías, Apple Arcade para videojuegos, Apple Fitness+ para hacer ejercicio y Apple One para agrupar varias de estas opciones. También está Apple Creator Studio, una suscripción presentada en 2026 que reúne herramientas de edición de video, música y diseño, con un precio de 149 pesos mensuales en México.
Individualmente, muchos de estos servicios tienen sentido. No considero que las suscripciones sean malas por naturaleza. De hecho, algunas permiten acceder a herramientas que antes requerían desembolsos importantes y otras ofrecen bastante valor por lo que cuestan. El problema aparece cuando prácticamente cualquier función adicional comienza a representar una nueva oportunidad de cobro y cuando el usuario termina acumulando pequeñas mensualidades que, por separado, parecen insignificantes.
También están las pruebas gratuitas. Ofrecer unos meses sin costo puede ser una buena manera de conocer un servicio, siempre que exista claridad sobre las condiciones. Sin embargo, cuando la suscripción se renueva automáticamente después de ese periodo, el negocio también puede beneficiarse de algo tan simple como que olvidemos cancelarla. Por eso resultan preocupantes las denuncias sobre activaciones realizadas sin una explicación suficiente, especialmente cuando algunos trabajadores aseguran que las métricas de suscripción forman parte de las presiones comerciales que enfrentan en las tiendas.
¿Publicidad en un dispositivo que ya pagaste?
Hay otro aspecto que me parece particularmente cuestionable: la publicidad. Apple lleva tiempo incorporando anuncios en espacios como la App Store y durante 2026 anunció su expansión a Apple Maps, inicialmente en Estados Unidos y Canadá. Además, dentro de la configuración del iPhone podemos encontrarnos con recomendaciones para contratar almacenamiento adicional, activar servicios o conocer otras opciones de pago. Aunque estas promociones de productos propios no son exactamente lo mismo que los anuncios comerciales de terceros, ambas forman parte de una experiencia donde constantemente se nos recuerda que existe algo más por contratar.
Y aquí es donde encuentro una contradicción. Una de las razones por las que muchas personas compran productos de Apple es precisamente la experiencia que ofrece su ecosistema. Se supone que estamos pagando un precio elevado por un dispositivo cuidado, donde todo funciona de manera integrada. Entonces, ¿por qué tendría que encontrarme con más oportunidades de compra dentro de un producto que ya pagué?
Entiendo perfectamente que una empresa quiera promocionar sus servicios. También entiendo que Apple no es la única que lo hace. Microsoft, Google y prácticamente todas las grandes tecnológicas están explorando modelos similares. Pero eso no significa que debamos acostumbrarnos a que cada espacio de nuestros dispositivos termine convirtiéndose en un lugar donde alguien intenta vendernos algo.
El problema no es cuánto gana Apple, sino cómo quiere seguir ganando
Creo que sería absurdo criticar a Apple simplemente por buscar mayores ingresos. Es una empresa, tiene accionistas, empleados y un negocio que mantener. Además, nadie está obligado a contratar todos sus servicios para utilizar un iPhone. Muchas de las funciones principales siguen estando disponibles sin pagar una mensualidad adicional, y varias de sus suscripciones ofrecen beneficios reales para quienes las necesitan.
Sin embargo, hay una diferencia importante entre ofrecer un servicio que vale la pena y diseñar una experiencia donde el usuario constantemente recibe invitaciones para gastar más dinero. No es lo mismo presentar una opción que presionar para que alguien la contrate, ni es lo mismo ofrecer una prueba gratuita que activarla sin que una persona comprenda lo que está aceptando.
Apple construyó buena parte de su reputación haciendo que la tecnología se sintiera sencilla. Ahora parece interesada en que esa misma experiencia también funcione como una plataforma comercial permanente. Y aunque financieramente la estrategia tiene bastante sentido, me pregunto si a largo plazo no terminará afectando algo que siempre ha sido fundamental para la marca: la confianza de sus usuarios.
Porque, al final, no estamos hablando únicamente de Apple. Estamos viendo cómo cambia nuestra relación con la tecnología. Antes comprábamos un programa, un teléfono o una computadora y sabíamos que, salvo algunas excepciones, el gasto terminaba ahí. Actualmente es cada vez más común comprar el dispositivo y después descubrir que existen funciones, contenidos y servicios por los que tendremos que seguir pagando.
Quizá lo más curioso es que nos hemos acostumbrado tanto a estas pequeñas mensualidades que muchas veces ni siquiera sabemos cuántas tenemos activas. Y mientras nosotros intentamos recordar qué suscripción debemos cancelar, las empresas siguen encontrando nuevas razones para que contratemos otra.
No creo que Apple vaya a abandonar este modelo, especialmente considerando lo rentable que resulta. La pregunta es cuánto espacio estamos dispuestos a concederle a las suscripciones y a la publicidad dentro de productos por los que ya pagamos bastante dinero.
Porque una cosa es pagar por un servicio que realmente queremos utilizar y otra muy diferente es sentir que, después de comprar un dispositivo, todavía nos queda una larga lista de cosas por contratar.