El 4 de noviembre de 2010, Microsoft lanzó Kinect para Xbox 360 en México y Estados Unidos, un accesorio que prometía cambiar nuestra manera de jugar. La idea parecía sacada del futuro: olvidarnos del control y utilizar nuestro propio cuerpo para interactuar con los videojuegos. Bastaba con colocarse frente a una cámara, moverse y dejar que la consola hiciera el resto.
En una época en la que Nintendo Wii había popularizado los juegos de movimiento, Microsoft quiso llevar la experiencia un paso más allá. Kinect no necesitaba controles físicos, pues reconocía movimientos corporales y comandos de voz. Lo que comenzó como un proyecto conocido como Project Natal terminó convirtiéndose en uno de los accesorios más recordados de la generación de Xbox 360.
Cuando la sala se convirtió en un videojuego
Quienes tuvieron un Kinect seguramente recuerdan las partidas de Kinect Adventures!, esquivando obstáculos, saltando y moviéndose de un lado a otro frente al televisor. También estaban Kinect Sports, que nos permitía jugar boliche o competir en distintas disciplinas deportivas, y Dance Central, donde más de uno descubrió que bailar frente a sus amigos podía ser tan divertido como vergonzoso.
Su mayor atractivo era que prácticamente cualquiera podía participar. No importaba si eras un jugador experimentado o alguien que nunca había tocado una consola. Kinect convirtió muchas reuniones familiares y tardes con amigos en competencias improvisadas, acompañadas de risas, movimientos exagerados y uno que otro golpe accidental contra los muebles.
Una revolución que terminó siendo un recuerdo
El éxito inicial fue impresionante. Microsoft vendió más de un millón de unidades durante sus primeros diez días y Kinect consiguió un récord Guinness por su velocidad de ventas. Sin embargo, con el paso de los años, el entusiasmo comenzó a disminuir. Sus limitaciones de precisión, la necesidad de contar con suficiente espacio y un catálogo que no siempre aprovechaba sus posibilidades hicieron que perdiera protagonismo.
Aunque Microsoft intentó continuar con la idea mediante una nueva versión para Xbox One, Kinect nunca volvió a alcanzar la popularidad de sus primeros años. Aun así, dejó una huella particular en la cultura de los videojuegos: demostró que una consola también podía convertirse en una experiencia colectiva donde lo importante no siempre era ganar, sino divertirse frente a la pantalla.
Hoy, 16 años después de su lanzamiento, Kinect permanece como uno de esos experimentos que definieron una época. Tal vez no consiguió reemplazar al control tradicional, pero durante algunos años logró algo especial: hacernos levantar del sillón para jugar. Y para quienes vivimos aquella generación de Xbox 360, recordar Kinect también es recordar una sala llena de amigos, risas y movimientos que seguramente preferiríamos no tener grabados.